Después de ser un cementerio clasista e histórico, ahora es solo uno más…
Un cementerio con la historia de un país…
Por Liliana Cuervo G
Lilianita5626@hotmail.com
Bogotá, octubre 8 de 2007
El cementerio central es Monumento Nacional, fue el primer cementerio de la ciudad de Bogotá y fue construido en 1872 – 1880, desde su inicio tuvo un orden en el que se pueden notar las clases sociales de la ciudad en un momento clave de la historia del país, ya que hasta muertos deben mostrar la misma o más importancia que en vida.
El cementerio tuvo una división en 1957 en tres Globos, el primero llamado “Globo A”, conocido popularmente como el “cementerio de los ricos”, donde eran enterrados los personajes representativos de la historia. El “Globo B”, llamado el “cementerios de los pobres” y el llamado “Globo C”, que actualmente es el Parque el Renacimiento.
El cementerio fue decretado Monumento Nacional y por ello se cree que debe tener el mejor mantenimiento, ya que en él se encuentran los restos de personajes como Francisco de Paula Santander, Jiménez de Quesada y Jorge Eliécer Gaitán, entre otros: sin embargo no es así, ya que se encuentra uno con un escenario y ambiente frío, como cualquier otro cementerio, pero también da tristeza ver cómo mientras algunas tumbas están en buen estado hay otras que no están.
Historias que marcan
Manuel Trujillo, celador desde hace aproximadamente dos años, comenta que en este sitio se ve de toda clase de gente, “aquí vienen personas de todas clases y con todo tipo de intereses, estudiantes, viudas, madres, novias y hasta personas de mala fe que vienen a robar a otras que se encuentran de paso por el cementerio. A mí, lo que más me ha sorprendido es el ver sobre todo mujeres que vienen a coger tierra y no sé que más cosas, pero eso no es para nada bueno…”, afirmó.
En abril de 1948, según dice la historia después del Bogotazo, así como el país, el cementerio se transformó, Clemencia Ruiz vende flores desde que tiene 14 años, en la actualidad tiene 68 y dice “nunca me imagine ver tantas personas muertas en tumultos como lo vi en esos días, no se sabía quién era quién y así mismo se acomodaron miles de cuerpos”, el trabajo para esa época se puso bueno para todos los que trabajamos acá en las marmolerías y en venta de rosas, como yo, pero vimos cosas horribles”.
Las estadísticas dicen que aproximadamente 3.600 cuerpos llegaron por esos días como consecuencia de la guerra entre liberales y conservadores, que dejó la muerte de Jorge Eliécer Gaitán.
En el cementerio se puede uno encontrar con esculturas que uno no se imagina, la costumbre es ver más la sobriedad o simplicidad de cementerios como Jardines de Paz y Jardines del Recuerdo. Lo única parte en que se siente envidia de los cementerios más recientes es en los jardines, que según los registros son cosas que perdió el Cementerio Central; se sabe que los tuvo y aún quedan pequeñas muestras de ello.
Visión personal
Siempre estos sitios, con su historia, han llamado mi atención, pero algo que llamó mucho más la atención al estar en el cementerio: el miedo que pude sentir cuando dos jóvenes de máximo 26 años de edad me miraban y mormuraban entre ellos, lo primero que se me ocurrió fue no meterme mucho en el cementerio ya que aunque hay policías sentía que no era suficiente, ya que no veía más que el de la puerta que se encontraba a más de 300 metros, según mis cálculos.
Mi acompañante, una mujer de escasos 23 años igual que yo, pero con una cara donde al parecer no mata ni una mosca, estaba con demasiado susto y decidimos hacernos las locas e ir saliendo disimuladamente, ya que estos dos sujetos ya no los teníamos a la vista; nuestra preocupación apenas empieza ya que afuera del cementerio no hay quién nos pueda ayudar y menos en el sector de la 26 con Caracas.
Antes de salir le decimos a unos de los guardias que en el interior se encuentran dos sujetos con un aspecto muy raro y que al parecer, no tenían muy buenas intensiones, pero que hace algunos momentos los perdimos de vista. Mauricio, como decía en el carné que tenía puesto, dice “pero difícil porque ¿cómo hace uno para saber?”, nosotras le dijimos cómo estaban vestidos, para cerciorarnos que no estuvieran afuera esperándonos, según Mauricio no vio a nadie con la descripción que le dimos.
Salimos del cementerio caminando rápidamente y mirando repetidamente que no vinieran siguiéndonos, gracias a Dios llegamos sanas y salvas a nuestro destino. Pero más asustada de, cómo se dice popularmente, los vivos que de los muertos”.


